Ayer por la noche se marcharon mis padres y mi hermano, llegaron con la maleta llena de chorizos, olivas, aceite, diversos productos farmacéuticos y un jamón! Que está buenísimo.. y pronto, estaba. Y ayer por la noche, con el último avión del día se volvieron para casa con la maleta llena de Eierspätzle, Leberkäse, Salchichas de Nürnberg y la colección de mostazas la normal, la Süße y la Meerrettich, a parte de champús, cremas, productos para el pelo, pastas de dientes.. que están aquí a un tercio de precio que en España. Esto me hace recordar que antes, en la época ochentera casi noventera los de la provincia de Huesca y Lérida nos íbamos a Andorra a comprar (aprovechando el viaje) queso, leche, y otras cosas porque era muchísimo más barato que en España, con la excusa de los impuestos. Y ahora, parece que las personas que vienen a Alemania vienen también a comprar, a parte de hacer turismo.
Hoy no tengo humor para escribir sobre política, pero lo cierto es que en España se ha pasado de una crisis inmobiliaria a una crisis de todos y para todos, en un año y medio, de culpabilizar a los corruptos, a los constructores, a los estafadores, hemos pasado a que nos bajaran el sueldo a todos, a despidos masivos en las instituciones públicas, al aumento de precios, del coste de vida, a la desesperación. Es decir, de ser una crisis que tocaba a un sector, se ha pasado a una crisis inhumana que toca todos los bolsillos. El modelo de “cero deuda”, está llevando a “cero consumo”, “cero sueldo”, “cero trabajo”, “cero ayudas”, “cero créditos”, “cero emprendedores”, “cero nuevos negocios”, “cero ir a estudiar”, “cero perspectiva”. Está claro que los recortes están destruyendo un país ya tocado, ahora la esperanza es nula, y la vida muy dura si el poder adquisitivo es “cero”. Sueldos más bajos, precios mucho más altos sin ayudas sociales, tirando literalmente a la basura y a la calle la mitad de los hospitales y colegios con todo dentro, incluyendo los ayuntamientos y las comunidades autónomas. Por qué no dejan endeudarse? No sería la mejor solución? Miren a Francia! Una deuda que da vergüenza, y siguen endeudándose para no destruir un sistema social, un país, un movimiento empresarial que si pararan todo para pagar la deuda, Francia paralizado, muerte del país, y de su gente detrás. Por qué han tirado a nuestra patria por el precipicio?
Estoy con el estómago lleno de chocolate, he estado preparando las bolsitas de celofán para Pascua, llenas de huevos de chocolate, este año he hecho una mezcla de huevos de “Nougat”, de “sólo chocolate lindt”, de “almendra con chocolate blanco”, de “almendra con cocos y chocolate con leche”, etc, etc.. y como la tentación era muy grande, pues quería probar la creación y la mezcla que estaba creando. El domingo vamos a esconder cada bolsita en rincones diferentes de la casa, hay una bolsita para cada uno, y si cada uno va a dar una cesta o una caja de chocolates, pues si hacemos bien las cuentas, voy a recibir de 3 á 4 “chocolates de pascua”, más algún regalito, es decir… que es como Navidad, pasar el día con la familia, comer chocolates y una gran tarta con el té y el café.
EL MITO EN MIL PEDAZOS
Hace algún tiempo que he empezado a trabajar como guía turístico en Alemania. Es la mejor manera que he encontrado por ahora de costearme la profesión de periodista en este país, que a día de hoy ejerzo aquí sin remuneración.
La verdad es que disfruto, con lo de guía, por lo que acompaño encantado a mis turistas españoles en sus visitas a la ciudad de Múnich o a Salzburgo. Supongo que serán cosas de principiante, pero siempre les hablo entusiasmado de los mil y un tópicos –pido perdón- de este país.
No penséis mal, los menciono para bien: que si en Múnich todo funciona; que si es una ciudad muy segura; que si los alemanes son puntuales y ordenados como pocos; que si en Alemania son muy trabajadores, que si son constantes…
Estaba yo en una de esas el pasado domingo, de camino a Salzburgo con un grupo de viajeros españoles, cuando de repente se detuvo nuestro tren antes de mediodía, en un lugar en medio de ninguna parte.
Primero se hizo el silencio, mientras todos los pasajeros de aquel ferrocarril empezamos una espera tranquila. “Aquí nunca pasa nada”, imagino que pensé, por lo que seguí a la mía con los míos.
Transcurridos unos 15 minutos se mantuvo el silencio y entonces una mujer alemana se levantó por primera vez de su asiento para preguntarle a otra vecina por lo sucedido. Evidentemente, aquella tampoco sabía nada.
Repentinamente, el tren inició su marcha atrás, tras una breve explicación por el canal de audio que se limitó a aclarar que volvíamos unos kilómetros sobre nuestros pasos por unos problemas técnicos. “Aclarado”, pensé todavía calmado.
Llegados a esa cercana estación – Prien am Chiemsee -, nuevas y extrañas instrucciones. Nos pidieron que bajásemos del tren y que nos dirigiéramos a la parada de autobuses, donde nos recogería un autobús para trasladarnos a la siguiente parada de ferrocarril camino de Austria.
Por primera vez, me sentí contrariado en el país donde nunca pasa nada -de esto-, especialmente por el hecho de que nadie nos mencionó algo para mi fundamental: el porqué de aquel extraño movimiento y de aquella espera, por entonces de una media hora.
Todavía escasamente preocupado, les trasladé al grupo de viajeros que nuestro viaje se iba a retrasar un poco debido a un pequeño incidente en las vías.
Era mediodía y por fortuna calentaba el sol de primavera en Prien. Poco a poco, la plaza junto a la estación se fue llenando de gente, pues todos y cada uno de los trenes regionales que venían desde Múnich acabaron su trayecto aquella mañana allí.
Aún sin información oficial alguna, el reloj corrió hasta las 12 y media y la tranquilidad de todos nosotros y de los demás viajeros se esfumó con la primera hora muerta consumida.
Lamentablemente, el alemán no es mi fuerte por ahora, pero mi obligación era la de preguntar por lo sucedido. Ya lo habría hecho mucho antes en España –y seguramente hasta reclamado por la espera-.
Me dirigí al punto de información de la estación para tratar de aclarar la situación y los tiempos previstos de espera. Al llegar, encontré una cola de viajeros, prácticamente todos germanos y muchos de ellos con un formulario para reclamar en mano.
Pensé que nunca llegaría mi turno así es que opté por preguntarle a mi vecina en la cola: “¿Sabe usted lo que ocurre?”. “No, no nos han dado ninguna explicación”, me contestó. Yo le repliqué: “¿Y esto es normal en Alemania?”. “Buena pregunta”, dijo a modo de respuesta.
Incluso a mi me pareció buena, por lo que se la trasladé a uno de los operarios de la compañía ferroviaria medio escondido en un rincón de aquella sala. Su respuesta no os la puedo transcribir porqué aquel buen hombre se esforzó para que no la entendiera. Habló rápido, casi gritando, para finalizar diciéndome que si tenía alguna pregunta más, mejor se la hiciera a la Policía. Le repetí la pregunta en inglés y entonces aclaró: “Si puede esperar para ir a Salzburgo, hágalo en la parada de autobús. Si tiene prisa, coja el tren de regreso a Múnich que permanece en el andén”. Nada de explicaciones sobre el misterioso incidente.
Fue en ese instante y no en otro cuando, por primera vez, lo que me parecía el sólido mito de la eficaz y eficiente Alemania se me cayó al suelo de entre las manos para romperse en mil pedazos, todos chiquititos.
La historia de aquel día no acaba ahí. Nuestra espera se prolongó otros 45 minutos de silencio total en la plaza de la estación. Fue pasada la una del mediodía cuando llegó por fin nuestro autobús camino del vecino Traunstein.
Por el camino nos dio tiempo a atravesar algunos pueblos bávaros más y a descubrir con nuestros ojos que el problema era real, puesto que un tren de mercancías había perdido parte de su carga a las puertas del mismo Prien, lo que obligó a cerrar la vía por unas horas. Lógica espera; una pena que nadie fuese capaz de arrojar luz sobre lo sucedido.
Casi tres horas más tarde de lo previsto llegamos a Salzburgo poco antes de las tres de la tarde. Ninguno de mis turistas, un par de ellos italianos, perdió la sonrisa en ningún momento, por lo que me vi forzado a exhibir también la mía y a dedicarles la mayor de mis atenciones en nuestra visita guiada. Todo salió perfecto a partir de aquel momento, así es que acepté encantado prolongar dos horas más aquella impuntual jornada para que nadie saliera perdiendo.
Nuestro viaje de regreso lo dedicamos a reflexionar sobre estereotipos y lo odiosos que resultan para todos nosotros, por mucho que siempre recurrimos a ellos.
Este domingo, de camino a Salzburgo, volveré a comentar con mis nuevos compañeros de viaje la puntualidad de los alemanes. Eso sí, les rogaré que no tomen mis palabras al pie de la letra y les recordaré que el pan de Baviera es mucho más sabroso que el de mi pueblo, pero siempre es mejor si se unta con un buen aceite de oliva del que me envía mi madre con frecuencia. Aunque parezca mentira, estas cositas las aprendí el día que se me cayó el mito alemán de entre las manos.
Hay unas florecillas que aparecen espontáneamente en los jardines y parques muniqueses, aunque a veces algunas se plantan… o migran de un jardín a otro. Qué indican que la primavera ha oficialmente llegado, y el misterio es que son puntuales. Si la primavera entró oficialmente el miércoles 21 de marzo, las flores el jueves 22 ya estában adornando la ciudad.
Las flores blancas se llaman Märzenbecher o las tazas de Marzo que (cuidado que son venenosas). Hay otras flores blancas muy parecidas y que se confunden con las Märzenbecher que se llaman Schneeglöckchen, y tienen este nombre de campanillas de la nieve precisamente porque a veces salen cuando hay nieve! Ya que en marzo o en abril pueden volver las nieves después de días de sol. Las lilas son las Frühlingskrokus.
Lo más curioso es que este grupo de flores están protegidas por estar en peligro de extinción, y suelen aparecer dónde hay sombra. Normalmente hivernan 30 centímetros bajo tierra guardadas en un caparazón. Es decir, somos muy afortunados de verlas paseando por las calles y por los parques! Porque en verano ya están otra vez escondidas en su caparazón.
Los candados de los enamorados, o en alemán “Liebesschlösser” son los candados que las parejas cómo símbolo de su amor y con la esperanza de la eternidad ponen en los puentes de las ciudades alemanas. No hace falta estar casados para encadenarse, es suficiente jurarse amor eterno. Y lo más bonito, es que en los candados de la parejas se van incluyendo pequeños candados con los nombres de los hijos. Quién dijo que los alemanes no eran románticos?
Diferentes modos de funcionamiento:
- Comprar un candado y grabar el nombre de pila de cada miembro de la pareja, y encadenarlo al puente
- Comprar dos candados diferentes, poner en cada uno el nombre de cada miembro de la pareja y encadenarlos primero y luego al puente
- Comprar un candado gigantesco, encadenarlo al puente y luego el candado de talla normal encadenarlo al candado gigantesco
- Comprar una cadena que se encadena al puente, y en ella se van encadenando diferentes candados
- Cuando se tienen hijos se van encadenando al candado de la pareja
Los originales están en Colonia en el puente Hohenzollernbrücke, que es el emblema de la ciudad, dónde muchos peregrinos y turistas se acercan a hacer fotos. En Colonia se pueden encontrar y contar hasta 40.000 candados de parejas enamoradas, pero sin embargo en Berlín, la capital alemana, están prohibidos.
Los puentes más “amorosos”, que guardan y custodian el amor en Múnich son:
Nos podemos encontrar con puretas alemanes que dicen, que en Colonia o en ningún sitio, alegando que en Colonia y concretamente en el puente Hohenzollernbrücke es el “de verdad”. Pero yo digo también… no es más bonito encadenarse amorosamente en la ciudad en la que se vive y ve día a día crecer el amor?
Solísimo, temperaturas de buena esperanza, y mis padres que vienen el sábado con mi hermano para pasearnos por los prados alpinos, los lagos increíblemente bellos de los alrededores de Múnich, y a degustar las salchichas! Espero que siga el sol, porque el plan que estoy preparando es para estar fuera de casa todo el rato! Y finalmente mi jefe me ha aprobado a última hora las vacaciones aunque creo que el lunes tendré que ir a un par de reuniones. Tengo muchas ganas de enseñarles las últimas novedades de la ciudad, pasear por el Isar y tomar un Kuchen de esos tan deliciosos… ya tengo planificados los restaurantes, las cafeterías, los paseos, los museos por si llueve y el disfrutar de la visita. Hace tres años que no están aquí…
ENM: Te siguen sorprendiendo cosas nuevas?
Cristina: volviendo del trabajo vi a una parejita de ancianos, que casi no podían agacharse y trabajaban en el jardín de su casita, y pensé que me gustaría terminar así mi vida, en una casita con jardín, trabajando en el jardín.. plantando flores y cuidando los árboles.
ENM: Cómo ves a los estudiantes de aquí?
Cristina: No veo nada especial, o para comentar. Ellos vienen al trabajo cuando quieren, no trabajan en la empresa cada día sino que se reparten las horas de trabajo entre casa, la universidad y la empresa aunque hagan sus proyectos en una empresa. Aunque no se si depende de la empresa. Pero lo que me sorprende es que sean super atentos, me preguntan sobre el proyecto, el trabajo, el fin de semana, que si quiero un té que si necesito algo. Muy sorprendida.
ENM: Sigues pensando aquí la vida es más barata?
Cristina: Si….. si…. creo que en cuanto a la cesta de la compra y de la droguería hay muchísima diferencia. Es mucho más barato. El transporte público es mucho más caro. Distancias cortas muy caro, pero distancias largas muy barato, porque véase el Bayern Ticket! Y las opciones de Bahncard.
Con este título parece que estemos dentro de un cuento, dónde nos teletransportamos en el microcosmos munequil para adentrarnos de planeta en planeta en el sistema solar hasta llegar a la tierra, que es cuando nos despertamos de nuestro sueño. Al despertarnos nos damos cuenta de que seguimos aquí en la tierra, en Múnich, y es que pasear por las orillas del río Isar atravesando los bosques de edificios llenos de colores, adornados con flores y perfilados por los árboles de las aceras y de los paseos de las laderas del río, es como estar en un sueño. Cuando las aglomeraciones de las casas de tres y cuatro plantas van desapareciendo poco a poco a medida que nos alejamos de la tierra y poco a poco nos acercamos más al abismo del sistema, van apareciendo al paso más bosques de color verde, con árboles de diferentes tipos y tamaños.
El viaje lo podemos hacer andando, y los años luz se transforman en unos sesenta minutos, pero sin embargo si tomamos la alta velocidad biciclera muniquesa, podemos realizar todo el viaje cósmico en menos de treinta minutos. el viaje intergaláctico está hecho a escala y semejanza del original, es decir tanto las distancias en años luz, como la medida de los planetas. Por ejemplo la tierra es pequeña, pero en ella está la vida. Plutón es minúsculo, y aún científicamente demostrado que no es un verdadero planeta, por tradición está en la última parada de nuestro destino. Desde allí montamos la montaña del Valle del Isar, con la bici mismo llegamos a una esquina de Sendling… pero nuestra casa, la Via Láctea todavia queda lejos. El recuerdo es increíble, lo hicimos! El viaje a través del Sistema Solar de Múnich! Incluida la lluvia en Neptuno… y es que la metáfora no podía quedar sólo en el título del artículo.
EL SOL
MERCURIO
VENUS
LA TIERRA
MARTE
JÚPITER
SATURNO
URANO
NEPTUNO
PLUTÓN – TIERPARK HELLABRUNN
Salimos desde el Deutsches Museum y para un viaje corto, se puede llegar hasta el increible Júpiter. Parada galáctica de S-Bahn Isar Tor. Todo al alcance… todo placer, todo Múnich.
CAMBIO COCHE POR BICICLETA, POR TRASLADO A MÚNICH
“¿Que has vendido el coche y te has comprado una bicicleta? A ti te falta un tornillo”. Es lo que me dijo uno de mis mejores y más sinceros amigos el día que le conté lo que había hecho. “Dudo que en Múnich necesite el coche”, repliqué.
Venía a ciegas, si acaso con algunas pistas conseguidas por la vía de la literatura o de Internet, pero no por ello lo tuve menos claro. Así es que llegué con mi bicicleta a lomos.
La misma bici que me había regalado Mariola –fue un regalo recíproco- bastantes años atrás y que durante tanto y tanto tiempo sirvió únicamente para acumular polvo, el principal trasto de nuestro trastero.
No, nunca la monté en mi pueblo. Quizá algunos domingos soleados durante los primeros meses. Si alguno de vosotros conoce Alcoy sabrá que los desniveles no ayudan a andar en bicicleta. Cierto, como en tantos otros lugares de España. La plaga de coches tampoco contribuye y la falta de un transporte público eficiente –al menos para los que venimos de ninguna parte- menos…
¿Y Múnich? era toda una incógnita para mi, conocer de antemano hasta qué punto iba a exprimir mi bicicleta. Para colmo, pronto llegó el invierno y el frío. En esas pocas semanas en que el termómetro bajó hasta los 20 grados bajo cero, el pasado enero, llegué a pensar que lo de cambiar el coche por la bici era una quimera, un error de cálculo. Reconozco que la densa malla de metro, trenes, tranvías y autobuses que cubre la ciudad me sirvió de consuelo temporal.
Entonces, no hace mucho y cuando estuve a punto de caer en el desánimo, la primavera asomó una mañana por mi ventana con un sol debajo del brazo. Y salieron los ciclistas como los champiñones, a montones. Desde aquel día, cuando se marchó la nieve, los he visto circular de todos los colores: más jóvenes y menos; luciendo diseño o biciclos oxidados; más rápidos y más lentos; señoras y señores; ricos y menos ricos –esto último lo digo convencido de que en España podríamos contar con los dedos de las manos a los acaudalados que prefieren moverse sobre dos ruedas a hacerlo montados en un enorme todoterreno-… aquí casi todos aprovechan las facilidades que da Múnich al ciclista y la escasísima probabilidad de ser objeto de un atropello o, menos aún, de un robo.
Dispuesto como había venido a mi nuevo hogar, no iba a ser menos. Desde el día en que llegó el sol, el que se fue la nieve, soy uno más de esos que cruzan la ciudad a diario a pedales. Para nada añoro ya mi C2, y no me arrepiento de haberlo cambiado por lo que fue una bicicleta polvorienta.
También es cierto que me ayuda el fervor del momento: os escribo estas líneas tomando el sol del sábado, recostado en un rinconcito del Englischer Garten… adonde hemos venido a parar con nuestras bicicletas!
El Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales ha publicado en enero de 2011 un documento informativo de 110 páginas, con un resumen del sistema de seguridad social en la República Federal de Alemania. Trata, entre otros, el seguro de pensión de vejez, el seguro de enfermedad, el seguro obligatorio de asistencia domiciliaria a personas impedidas y el seguro de accidentes de trabajo, las cuestiones de la promoción del empleo, del derecho laboral y del subsidio por educación de los hijos, así como la rehabilitación de minusválidos, el subsidio de vivienda y la asistencia social. Se trata de la traducción española del folleto “Soziale Sicherung im Überblick”.
Página web oficial del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales Alemán, con información en español:
Documento PDF con toda la información necesaria de cómo pedir ayudas sociales y qué derechos tenemos para pedirlas en Alemania:
































